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Tengo el cabello gris por la gloria de Dios

Tengo una amiga que se ha teñido el cabello por veinte años. Finalmente dijo “me cansé de luchar contra Dios respecto a ello”. Entonces, dejo que su cabello tomara su color natural, que en este punto de su vida es gris. Dijo “estoy agradecida porque Dios conquistó mi temor del hombre (inseguridad) en ese área. ¡Gloria a Dios!”

Advertencias

  • La gente que tiñe su cabello no está pecando.
  • Cambiar el color de tu cabello no es necesariamente un pecado.
  • Un color de cabello diferente puede ser una manera de desviar la atención de ti mismo.

¿Cuál es el verdadero problema?

Cuando se trata del estilo o color del cabello, los cristianos se hacen una simple pregunta:

¿Cómo puedo enaltecer el nombre de Dios prestándole atención a él sólo?

Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis

tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.

[Corintios 1 10:31-33] 1 Corinthians 10:31-33

Paul sabía que tenía toda la libertad para hacer lo que quisiera. El problema para él (y para todos los cristianos) no era la libertad. ¡Él era un hombre libre en Cristo! El problema real era el propósito de su libertad.  Paul creía que ella le dejaba pensar de forma comprensiva como enaltecer el nombre de Dios. Paul se centraba en Dios en cuanto a su práctica y pensamiento.

Tanto en nuestras ropas, maquillaje, o color de cabello preferido, el verdadero problema es la razón principal que yace en nuestros corazones cuando pensamos y practicamos estas cosas. ¿Cuál es el mayor deseo al tratarse de tu cabello? No importa si es colorado, blanco o azul. Ese no debería ser un problema. Eres libre en Cristo.

El verdadero problema son las causas. ¿Qué ejerce más control sobre ti: la apariencia que prefieres tener frente a los demás, o lo que enaltece el nombre de Dios entre  los otros? ¿La opinión de los hombres rige tu vida? O ¿La opinión de Dios lo hace? ¿Tu estilo y color de cabello te hacen prestar atención a ti mismo o a Dios?

¿Eres inseguro? No, en serio. ¿Lo eres?

Nuestra cultura ha hecho del color y estilo del cabello algo importante y, tristemente, mucha gente de la comunidad cristiana ha sido ampliamente influenciada por las modas y caprichos de nuestra sociedad. Si bien creo fervientemente en ser relevante, pienso que nuestra cultura no debería imponernos que es aceptable o está de moda.

La razón principal detrás de semejante persuasión cultural es un miedo profundo. El miedo es el mayor problema en cuanto a nuestra santificación. Todos nosotros vivimos acorde a diferentes grados que varían en una tensión dinámica de miedo/fe. La razón de esto yace en nuestra deteriorada relación con Dios.

Sin embargo, muchas veces elegimos conformarnos con las normas  y expectativas culturales  para satisfacer nuestras necesidades de aceptación y aprobación. Esto demuestra lo poco que entendemos y aplicamos la solución que Dios tiene para el miedo, que se encuentra en el Evangelio. Atarse a Dios en vez de a nuestra cultura es la verdadera libertad.

Interés por los padres y esposos.

Padre: Eres la primera y más profunda definición de quien es Dios Padre para tu hija. El modo en que la tratas ofrece una temprana interpretación y entendimiento  de Ese  en quien ella depositará finalmente su fe. Si tu amor y afecto se basan en gran medida en su desempeño y apariencia, ella pasará gran parte de su vida reaprendiendo quien es el Dios vivo y verdadero.

Tristemente, ella será insegura, y la persuadirán para ganarse el afecto de los demás a través de prácticas culturales y expectativas. Tu hija necesita sentir tu amor y aceptación incondicionales. Necesita estar segura de tu fuerte, determinado e intencional cariño protector. En gran parte, su seguridad dependerá de cómo actúas con ella. Tú serás la rejilla a través de la cual ella vea y entienda a Dios Padre.

Esposo: Tu esposa necesita sentir un tipo de amor y afecto similar. No debe basarse en el desempeño, apariencia o expectativas. Tu amor debe estar principalmente basado en el Evangelio. Recuerda como fuiste aceptado por Cristo. Él no te mostró una lista de sus preferencias para que tú las satisfagas. Él te aceptó como eras.

Procura que tu esposa sepa y sienta esto. Por ejemplo, ella necesita saber que si su cabello se cae a causa de la quimioterapia, tu afecto por ella seguirá creciendo porque la amas del modo que Dios la hizo, no porque haya cambiado su apariencia según tu plantilla cultural preferida. Tu esposa sigue siendo esa niña pequeña quién desea un amor y seguridad similar  al que siempre ha querido. Tú eres quien le brinda esto. Se cuidadoso respecto a cómo le comunicas tu amor a tu esposa. ¿La amas porque es una mujer que se está convirtiendo en una imagen de Dios más completa? O ¿Porque está transformándose en tu imagen preferida?

Para que conste: mi esposa tiene parcialmente el cabello gris y he tratado de convencerla durante todos estos años para que lo deje del modo en que Dios lo hizo. La amo del modo en que Dios la creo y, por si fuera poco, también pienso que es algo sexy. Para aquellos que conocen a mi esposa, ustedes saben que a ella no le importa usarlo de una u otra manera. Sin embargo, ella anhela complacer a su marido. Además, su preferencia por un estilo de vida de “bajo mantenimiento” acaba con cualquier intención de teñirse el cabello. Ella dice que tiene mucho por hacer y no necesita caer en la trampa de las expectativas culturales acerca de lo que es bueno o malo.

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