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Me Enojé Con Mi Hija El Otro Día

El otro día mi hija cometió un pecado. No cabía duda de que ella se había comportado mal. Ella me desobedeció, y como padre, me sintió decepcionado y desconsolado. ¿Cómo reaccioné? Me enojé con ella.

Ésa no fue la primera vez que me enojé con mis hijos. De todos los miembros de mi familia, soy YO el que enfrenta más el enojo pecaminoso. Es decir, para mí lo más difícil de mi vida familiar es evitar enojarme. Mi enojo se expresa de varias maneras. Por ejemplo, al enojarme…

  1. Levanto la voz.
  2. Me vuelvo impaciente.
  3. Hablo de otras personas con amargura.
  4. Me quejo de todo.
  5. Critico a los demás.

Por la mayor parte, la manera en que mi enojo se manifesta suele variarse según la gravedad de la situación.

“Piling On”

La expresión “piling on” se emplea en los EEUU para hablar del futbol Americano. El “piling on” se ocurre así: el jugador que tiene en la mano la pelota es tacleado por un jugador del otro equipo. Según las reglas del deporte, después de que se taclea al jugador que tiene la pelota, todos los jugadores deben volver a la línea de ataque. Pero algunos jugadores, por alguna razón, no se dan cuenta de que ya se ha tecleado al jugador que tiene la pelota. Por eso, tales jugadores se acercan (corriendo) al jugador tacleado, y lo taclean “otra vez.” Lo que resulta es un montón de jugadores. La expresión “piling on” se refiere a ese montón.

Hace unos días descubrí un pecado que mi hija estaba cometiendo en secreto. En vez de demostrarle el poder redentor de Cristo, levanté mi voz con enojo y desilusión. Como padre, debería haberle proveído guianza espiritual a mi hija. Pero hice lo contrario y la castigué de una manera desagradable.

Mi hija percibió el descontento en mi voz. Como padre, yo debería haberle hecho preguntas para averigüar sus pensamientos, su perspectiva, y sus motivos. Sin embargo, lo único que hice era pegarle gritos a mi hija para hacerla conocer la gravedad de sus pecados. Comportándome así, la había colocado en una situación de desesperación. Dios nunca nos coloca en tal situación cuando cometemos pecados.

En ese momento todo lo que pudiera haber hecho para ayudar a mi hija de una manera espiritual se anuló. Respondí a su pecado con un pecado mío (el enojo pecaminoso). Debido a mi enojo, ella ya no reflejó sobre sus pecados. Por lo contrario, pensó en mi descontento, mi enojo, y el pecado que YO había cometido.

Mi pecado había sustituido al de mi hija. En vez de hablar con mi hija de sus motivos, me decidí a instruirla a través del enojo y otras estrategias manipuladoras. Yo pensaba:

<Si infundiera miedo en mi hija, podría obligarla a comportarse de una manera recta.>

Hoy aún no sé por qué vi la situación con una claridad tan falsa. En esa época, quería que mi hija examinara todo desde mi perspectiva. No quería que hiciera todo de su manera, sino de MI manera. Me parecía que me hija se santificaría bien comportándose así.

Pero esa teoría no produjo resultados favorables.  Mi hija no podía dejar de pensar en mi enojo. Nunca pensó ni en sus motivos ni en sus pecados ni en lo que pudiera haber hecho para evitar el pecado porque estaba pensado siempre en la “figura de autoridad familiar” que estaba enojada con ella.

Malgasté ese momento precioso de redención con mi hija. ¿Alguna vez has arruinado tal momento de redención con un hijo, con un esposo, o con un amigo? ¿Alguna vez has cometido un pecado para responder al pecado de alguien? A eso me refiero.

Responder al Pecado con Otro Pecado: ¿Qué Dice Dios?

Si una persona responde de una manera pecaminosa al pecado de otra persona, la persona que respondió ya no tiene el derecho de ayudar a la persona que inicialmente cometió el pecado. Aunque los pecados merecen castigos, Dios nunca lleva a cabo castigos mediante el enojo pecaminoso.

Por ejemplo, cuando Adán cometió un pecado el el Jardín, Dios llevó al cabo el castigo proveyendo un sacrificio (Jesucristo) para rendentar al pecador culpable. En vez de ser parte del problema, Dios se decidió a ser parte de la solución.

Dios pudiera haber castigado a Adán condenándolo a la muerte para siempre. Pero Dios se dirigió a otro camino-un camino único pero sumamente profundo. Dios nos impartió su Palabra (la Biblia). En vez de condenar para siempre a los pecadores y hacerles exigencias, Dios planificó y delineó un camino hacia la redención y la vida eterna para los pecadores.

Jesucristo era la herramienta de la redención proveída por Dios.

8 En cambio, Dios nos demostró su amor en que Cristo murió por nosotros aun cuando éramos pecadores. – Romanos 5:8 (PDT)

Algunos dicen que aunque respondí con un enojo pecaminoso al pecado de mi hija, todavía tenía el derecho de ayudarla. Pues preguntárselo a mi hija; ella no estaría de acuerdo. Según mi hija, al enojarme con ella, me resultó casi imposible ayudarla. Mi hija lo dice así:

<Papa, cuando te enojas conmigo, mi miente se queda en blanco. No se ni como pensar ni como responder. Me pongo nerviosa. Me dejo llevar por el miedo y no puedo pensar.>

¿Vas a hacerle preguntas semejantes a tu esposa/marido o a tu hijo? ¿Vas a preguntarles cómo se sienten cuando respondes a su pecado de una manera pecaminosa? Cuando mis hijos cometen pecados, tengo dos opciones:

  1. Puedo cometer un pecado para responder al pecado de mis hijos.
  2. Puedo incorporar y aplicar la Palabra de Dios para instruir a mis hijos.

Si elijo la primera opción, malgastaré una oportunidad de guiar a mis hijos de una manera espiritual y enseñarles a expulsar el pecado de su vida. Pero si elijo la segunda opción, puedo convertirme en embajador de redención y guianza espiritual para el bienestar de mis hijos, para mi bienestar, y [últimamente] para la gloria de Dios.

Después de Cometer el Pecado, ¿Qué Hago?

Después de enojarme con mi hija, tenía que eliminar el pecado que YO había cometido para que pudiera servirle de embajador de redención a mi hija. Mi hija entró en mi cuarto con el peso de un pecado (el suyo), pero salió del cuarto llevando el peso de dos pecados (el suyo y el mío).

Recé a Dios—quien me quita todos los pecados—para que pudiera ayudar a mi hija de una manera que agradara a Dios. Cuando respondes al pecado de otra persona con un pecado tuyo, lo primero que debes hacer es arrepentirse tanto ante Dios como ante la persona que cometió el pecado inicial.

Si no actúas asi, va a haber problemas:

  1. Estarás culpable ante Dios por haber cometido el pecado.
  2. Estarás culpable ante la persona que cometió el pecado inicial.
  3. Implicarás que, aunque tus pecados no importan, los de la otra persona sí importan.
  4. Te convertirás en un obstáculo en la vida de la persona que cometió el pecado inicial.
  5. No podrás guiar y instruir a la otra persona de una manera espiritual.
  6. Infundirás amargura y enojo en la otra persona.
  7. No tomarás en serio la muerte y la resurrección de Cristo porque no aceptarás la santificación y purificación espiritual ofrecida por Cristo a los que se arrepienten con humildad.

Si optas por rezar y pedirle perdón a Dios en vez de ignorar el pecado que has cometido, Dios te bendirá:

  1. Dios les extende su gracia a los humildes. Así que, el favor de Dios prevalecerá en tu vida.
  2. Su comportamiento le servirá de ejemplo a la persona que cometió el pecado original.
  3. Aplicarás la Palabra de Dios a tu vida con éxito. Eso te mejorará la vida.
  4. Podrás guiar y ayudar a la otra persona de una manera espiritual.
  5. La otra persona aprenderá a ser tan abierta y honesta como tú.
  6. Ya que no respondiste al pecado de la otra persona con un pecado tuyo, no harás empeorarse la situación.
  7. Tanto Dios como la otra persona te perdonarán por completo.

Lo Irónico de Mi Pecado

Este cuentecillo sobre mi hija y yo afirma que a veces es muy difícil resolverse a no responder al pecado de otra persona de una manera pecaminosa. A veces su cariño y amor por la otra persona son tan profundos, que te resulta fácil olvidarte de los métodos de redención delineados en la Palabra de Dios.

Por eso, cuando esa persona comete un pecado, te irritas tanto que se te olvidan los pecados que has cometido; por un momentito, sueles pensar que estás perfecto. ¿Pero hay algún ser humano que no haya cometido ningún pecado?

Estaba exigiéndole a mi hija que no cometiera pecados y cometiendo un pecado mío (el enojo pecaminoso) a la vez. ¿Te parece irónico? Estaba tratando de impedirle [a mi hija] cometer pecados a través de mi propio pecado

Quizás “irónico” no es la palabra correcta. La palabra “tonto” es mejor. Lo que hice no refleja la manera en que Dios responde al pecado.

Si hubiera optado por no responder de una manera pecaminosa al pecado de mi hija, podría haberla ayudado y guiado de una manera espiritual. Aunque a veces te resultará difícil responder al pecado de otra persona sin cometer tus propios pecados, Dios nos asegura que su gracia es suficiente para tales momentos.

La Gracia Abundante de Dios

La gracia de Dios es suficiente para cualquier situación. Es decir, no hay ningún pecado humano que no pueda ser cubierto por la gracia de Dios. Entonces si sueles responder al pecado de los demás con tu propio pecado, piénsatelo: ¿por qué no te basta la gracia de Dios?

Cuando respondí al pecado de mi hija con mi propio pecado, me enfoqué más en el pecado que en la gracia abundante de Dios, la cual se puede transmitir a través del ministerio del Espíritu Santo. Si permito que los pecados de mi hija se antepongan a la obra de Dios en mi vida, en este momento la Palabra de Dios se ha convertido en un objeto de poco valor.

Entonces era importante que yo le preguntara a Dios por qué no abracé su Palabra para ayudar a mi hija de una manera espiritual. En vez de pensar en lo que hizo mi hija, tuvo que meditar sobre la gracia de Dios.

Al invocar la gracia de Dios, me di cuenta de que quería muchísimo a mi hija. Quería que mi hija amara y glorificara a Dios a través de sus acciones y sus pensamientos. Sin embargo, también me di cuenta de que no tenía ganas de hacer el trabajo necesario para ayudarla a alcanzar ese nivel de madurez espiritual.

Me enojé con mi hija porque no tenía ganas de ayudarla; ayudarla pedía demasiado trabajo y tiempo. En ese momento creí que el enojo aceleraría su santificación y su desarollo espiritual. Era como si YO pudiera hacerla madurar más rápidamente que Dios.

A través del enojo, estaba intentando modificar el plan que tenía Dios para mi hija. Debido a mi enojo pecaminoso, pasé dos días haciendo las paces tanto con Dios como con mi hija. Si inicialmente hubiera respondido de una manera que reflejara el carácter de Dios, me habría costado sólo un día instruir y hacer las paces con mi hija.

Más Ironía – Mi reacción al pecado de mi hija no refleja la reacción de Dios a mis pecados. Cuando cometo pecados, Dios no me pega gritos para instruirme. Por lo contrario, el amor y la gracia de Dios me dirigen hacia el arrepentimiento.

Después de alinear mi corazón con el de Dios, me arrepentí del egoísmo, de la pereza, y del enojo pecaminoso que le mostré a mi hija. Tanto Dios como mi hija me perdonaron.

Mi enojo pecaminoso ya no era obstáculo en el plan que Dios tenía para mi hija. Por eso, pude instruirla y alentarla. Tuvimos una conversación muy íntima y profunda acerca de su pecado, sus motivos, y sus dudas espirituales.

¡Qué momento de redención tan bueno! ¡Qué maravillosa es la gracia de Dios!

Examínate el Corazón

El enojo es un problema espiritual que enfrento con frecuencia. Por eso, después de converser con mi hija, le hice algunas preguntas para averigüar cómo mi enojo la había afectado por los últimos años.

Las dos preguntas están a continuación:

  1. Para ti, ¿quién soy? ¿Soy un padre felíz o un padre desagradable?
  2. ¿Te das cuenta más de mi amor por ti o de mi enojo hacia ti?

Gracias a Dios, mi hija afirmó que era un padre felíz. También me dijo que se daba cuenta más de mi amor por ella. Al oír sus respuestas, me sentí agradecido. Esas respuestas me conmovieron muchísimo.

Quiero a mi hija y me detesto mis pecados. Pero el pecado forma parte de la vida de todos los seres humanos. Además, nuestros pecados siempre afectan a los demás. Pero gracias al amor de Dios, Jesucristo llevó a cabo una gran labor redentora para los pecadores.

No sé cómo disciplinas a tus hijos. Tampoco sé cómo te relacionas con tu marido/tu esposa y tus amigos. Pero sea lo que sea, te recomiendo que les hagas algunas preguntas (enraízadas en la Palabra de Dios) a tus parientes y a tus amigos para averigüar qué piensan esas personas de tu actitud, tu comportamiento, y tu carácter.

A continuación se encuentran unas preguntas que empleo con mi familia y mis amigos. Estas preguntas nos ayudan a entendernos mútuamente y alinear nuestro corazón con la Palabra de Dios. Acuérdate: aunque intentes ocultar algo, la Palabra de Dios hace que todo salga a la luz.

Pídele a Dios que te depare la humildad y el coraje para hacer estas preguntas y otras preguntas semejantes:

  1. Cuando piensas en mí, ¿piensas primero en mi amor por ti o en mi enojo hacia ti?
  2. Para ti, ¿cuál palabra mejor me describe—el cariño o el criticismo?
  3. Si te digo que tengo algo que decirte, ¿quí anticipas—unas palabras de apoyo o unas palabras de desánimo?
  4. Por lo general, ¿es agradable o desagradable pasar tiempo conmigo?
  5. ¿Si pudieras escoger una palabra para describir mi actitud hacia ti, cuál sería?

 

  1. 8 En cambio, Dios nos demostró su amor en que Cristo murió por nosotros aun cuando éramos pecadores. – Romanos 5:8 (PDT)
  2. 9 pero si confesamos nuestros pecados, Dios nos perdonará. Él es fiel y justo para limpiarnos de toda maldad. – 1 Juan 1:9 (PDT)
  3. 4 Tienes que entender que Dios ha sido muy paciente y bondadoso contigo, esperando que cambies. Pero tú piensas que su paciencia nunca termina y no te das cuenta de que él es bueno contigo para que cambies tu vida. – Romanos 2:4 (PDT)
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