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El peligro de aplaudir la excelencia

Joe raramente anima a su hija. Si bien su hogar no es excesivamente negativo o que desanime, no es un hogar en el que tenga lugar una activa e intencional edificación y estímulo.

Luego de haber pasado un tiempo de charla con Sarah, parecía aparente que todo lo que ella quería de su padre, era su afecto. Desde su perspectiva, Joe parecía preocupado, desinteresado y distante. A veces daba la impresión de enojado.

Ella probablemente no lucharía tanto con el enojo si tan sólo su padre se tomara tiempo para hablar con su hija, confesarse, arrepentirse, y reafirmar su amor e interés por ella. Eso nunca ocurre y Sarah vive como si esta “cosa” siempre estuviera en el medio de la habitación.

Le pregunté a Sarah si era más conciente de la corrección y descontento de su papá o de su afecto y estímulo. Ella rápidamente dijo que raramente era animada o estimulada y que siempre sentía que él, en algún aspecto, estaba descontento con ella. No era necesariamente por lo que él decía, sino más bien por su silencio.

Un Padre Distante: Un Dios Distante

Sarah también tiene problemas en su relación con Dios. Ella dice que Dios parece distante y que se encuentra usualmente insegura en su posición frente a El. Si bien ella cree que ha sido salva por gracia, existe aún esa incómoda angustia interior o falta de certeza de su relación con Dios.

Sarah dice que generalmente siente como que si tuviera que cumplir con Dios con el fin de estar en buena relación con El. El Evangelio es muy difícil de entender para ella. Si bien ella sabe que su forma de pensar no es teológicamente correcta, persiste aún este deseo de hacer lo correcto con el fin de ser aceptada por Dios.

Sarah tiene talento

Cuando la discusión apuntó a su escuela, ocurrió un notable cambio en la disposición de Sarah. Ella se mostró animada y estaba contenta al decirme de sus calificaciones “A”. Sarah es una chica brillante, sin dudas. Ella vive  para entregarle buenas calificaciones a su padre. Ella decía,

Papá me dijo hace mucho tiempo que la mejor manera en la que lo podría complacer era teniendo en las calificaciones todas “A”.

A papá no le importa la falta de esfuerzo, particularmente en lo concerniente a la escuela.

Sarah tomó esta advertencia de corazón y, desde su perspectiva, ella ve como algo afortunado ser una chica brillante. Tristemente, lo que ella no ve es que su búsqueda de buenas calificaciones y excelencia a través de la educación es idolatría. Sarah es idólatra y su padre ha sido el culpable primario en empujarla a esa idolatría.

La excelencia puede ser pecaminosa

Ella compartió conmigo que en un par de ocasiones, hizo trampa en algunos exámenes en su último año escolar. Yo fui la primer persona con la que ella compartió este secreto. Su conciencia llena de culpa la había estado carcomiendo por ya más de un año.

Sarah está tan desesperada por la atención de su padre que racionaliza la trampa. Su deseo de ser amada por su padre sobrepasa su deseo de no mentir y no hacer trampa.

Pero ahora la culpa no resuelta ha producido en Sarah tendencias anoréxicas. Ella vive con esta constante tensión dual: deseo de castigarse a ella misma a través de abstenerse de comer, como una forma de calmar su culpable conciencia (auto expiación) y, por otra parte, un deseo de poseer una figura espléndida con el fin de ser aceptada por otros (centrada en sí misma).

El deseo idolátrico de Sarah por excelencia, definido por su padre, la ha llevado a un aislado, individualista y competitivo proceso de pensamiento y conducta. Tristemente, su padre aplaude su excelencia, mientras que por otra parte se encuentra perplejo por su pérdida de peso y ajeno a las necesidades reales de su alma.

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